sábado 30 de agosto de 2008

Un cafecito

Los colombianos se toman las cosas con otro humor

Pasto es la primer ciudad de Colombia en la que nos quedamos. Le dicen la “Ciudad Sorpresa”, porque en el resto del país piensan en ella como un pequeño pueblo, cuando en realidad ya antes de llegar, desde las montañas, se puede ver el conglomerado de luces de una gran ciudad. La capital de la provincia de Nariño se extiende ampliamente de norte a sur y resulta bastante angosta. Subidas y bajadas constantes por la misma cadena montañosa que comienza en Argentina y se extiende a lo largo de los países de Latinoamérica.

Apenas cruzamos a Colombia nos dimos cuenta que hacer dedo en este país iba a resultar bastante difícil. La gente no tiene la costumbre de parar a nadie en la ruta, secuelas que quedan de las guerras internas que existen desde hace 40 años. Después de pasar toda la tarde en la ruta alimentándonos con caña de azúcar, decidimos tomar una buseta, y para ser sinceros pensando en que la fama de gente amable quizás no era tan cierta… y nos equivocamos. Antes de llegar a Pasto, Lourdes -una mujer que viajaba con nosotros- se enteró de que no teníamos pesos colombianos para llamar a nuestro amigo en la ciudad y nos invito a su casa para usar el teléfono, cortesía que se extendió a quedarnos a cenar y luego a dormir. Salvación que agradecemos a sobremanera.


Lourdes y sus sobrinos

Al día siguiente pudimos cambiar la plata y finalmente nos encontramos con Byron y Paula, quienes nos esperaban desde hace unos días. Junto a su hijo Felipe viven en un barrio muy tranquilo, lejos del centro y con una vista panorámica hacia el volcán Galeras, otro de los granos de la tierra que se encuentra activo y humeando en nuestro continente.

Con el transcurso de los días fuimos acostumbrándonos a esta ciudad. La vida en Colombia es muy cara. Aquí no hay subsidios para los derivados del petróleo como en Ecuador, y eso hace que los transportes y las duchas resulten muy costosos. También la mayoría de los alimentos cuestan por lo menos un 50% más que en el país vecino. Hay que acostumbrarse de a poco, no caer en el pecado de la conversión de moneda, mejor pensar que $1000 colombianos sería igual a $1 argentino… aunque no sea verdad.

Byron nos cuenta sobre su trabajo para una institución holandesa: se dedica a la conservación y al estudio de plantas medicinales, en un pueblo camino al norte llamado Chachauí. Allí trabaja junto a un chamán en una maloca instalada en el campo. Paula es estudiante de psicología, y también trabaja colaborando en la maloca. El trabajo y la vida de estos amigos es interesante y fascinante a la vez… hace tiempo que escuchamos y aprendemos cosas sobre los Iachag o curanderos y aún tenemos muy presente los días con los Waira Churis, donde Carlos nos contaba historias y cosas sobre el funcionamiento de ese oficio milenario. Aquí en Pasto volvemos a tener contacto con las teorías de ese mundo de magia y otros mundos. Libros de Castaneda y conversaciones con nuestros amigos nos hacen conocerlo de a poquito.

Byron, Paula y Felipe

Otro tema sobre el que empezamos a conocer es la “situación de orden público”, como lo habíamos oído llamar, o más bien el tema de las guerrillas y los militares. Impacta un enorme cartel ubicado en Ipiales, apenas se pasa de la frontera ecuatoriana a la colombiana, que muestra las caras de integrantes de las farc (cruzados con una X roja aquellos que ya han sido “dados de baja”) y ofrece una alta recompensa para quienes ayuden a capturarlos. El cartel parece indicar que uno ha entrado al viejo oeste más que a un país latino americano. En las calles de Ipiales y Pasto se puede ver a los militares armados y listos para la acción. Se mueven en grupos y llevan sus enormes rifles en ambas manos, y como no parece haber ningún peligro alrededor son ellos los que meten miedo. Muchas y variadas son las opiniones de la gente con la que hablamos y nos es difícil aún poder pensar en realidades. La verdad es que no hay buenos comentarios, ni sobre las guerrillas ni sobre el presidente.


Carteles en las calles de Pasto

Mientras nosotros paseamos tranquilos por este nuevo país, conociendo lugares y gente chévere. Probamos nuestro primer café 100% colombiano en el Café del Parque, un sitio tradicional de Pasto que ha ganado premios de calidad, en donde siembran y cocechan los granos en fincas propias, y luego los muelen delante de uno segundos antes de servir la taza. Un sabor espectacular!

Allí también conocimos a un tipo que estaba sentado en la barra tomando unos tragos a las 2 de la tarde y que nos empezó a hablar de argentina y de Spinetta y... bueno, muchas cosas más. Su nombre es José y resulto ser violinista y luthier. Sus instrumentos son conocidos por el mundo y un violín suyo puede costar entre 7 y 8 mil Euros. Después de invitarnos un capuchino con torta, ofrecernos un traguito varias veces, hablar mucho sobre música y leerle la mano a Yamile, José nos invito a su taller para conocerlo y de paso ayudar a arreglar un arco de violín roto. Cosa que aceptamos y pudimos así pasar una tarde excelente con un nuevo amigo. Para conocerlo un poco mas pueden visitar su página y contactarlo: http://www.joseluthier.com/


Un artista verdadero

Difícil irnos de Pasto, Byron, Paula y Felipe hicieron que pasáramos aquí una estadía maravillosa. Les agradecemos mucho a ellos, a la familia de Lourdes y a todos los amigos que hicimos en esta ciudad y que nos mostraron que nuestra primera impresión de Colombia era rotundamente equivocada. La calidez de las personas hacen que todos los preconceptos que se tengan sobre este país sean errados, sacando la política del medio, claro esta.


El museo del carnaval...

...y sus interminables muñecos...

Juan Lonnen

Mirá todas las fotos de Ibarra en
http://picasaweb.google.com/piesporelmundo/PastoColombia

Recibiendo a un amigo

Laguna Yahuarcocha, una de las muchas de Ibarra

Llegamos a Ibarra con la idea de estar máximo dos días, entusiasmados por la cercana frontera de Colombia y la ansiedad que nace por conocer un nuevo país. Aunque –fiel al recorrido de nuestro viaje- los planes que podamos tener en mente siempre se ven modificados por la convivencia con los nuevos amigos.

En esta ciudad llena de lagos y montañas nos esperaba Carlos, a sólo días de exponer su tesis final y festejar su nuevo título de ingeniero en turismo. Por nuestra parte colaboramos a la causa aportando nuestro talento recientemente descubierto para las manualidades. A Carlos le hacía falta una reproducción miniatura de las cabañas indígenas de Ecuador y nos pusimos manos a la obra para realizarla. Un día de trabajo para un resultado más que satisfactorio, recurriendo a los recuerdos visuales que tomamos de las cabañas de los Tzachila en Santo Domingo y las de la costa en Bahía de Caráquez para lograr una pequeña pero confortable casita con sillas, fuego y hamaca incluida.

Nuestro regalo de graduación para Carlos

Graduado dandi

La fiesta de graduación empezó al mediodía en una quinta restaurante con una vista fabulosa hacia la laguna de Yahuarcocha, un sitio increíble. Mucha cerveza desde temprano y una comida deliciosa y muy abundante que solo pudimos bajar tomando mucha mas cerveza y bailando hasta bien entrada la tarde de ese día jueves. Al volver a la casa ya se estaba preparando la fiesta de la noche. El lugar se lleno de amigos, fiesta y bebida. Bailando al ritmo que ponía una banda del Valle del Chota, muy conocido en la zona por su música particular y bien fiestera. El cantante de la banda tocaba “la hoja”, que no es mas que una pequeña hoja de limón la cual hace sonar con la boca y le saca todas las notas de la canción. La fiesta duro hasta muy tarde en la madrugada y calculamos que fueron casi 20 horas seguidas. Había motivos, ya que junto a la graduación de Carlos nosotros celebramos nuestros 6 meses de viaje cumplidos ese mismo día.

...2 pm

4 pm...

3 am... El cantante toca "la hoja"

Carlos es un cosmopolita. Tiene muchos amigos extranjeros y en la fiesta había belgas y españoles mezclados como si nada entre los ecuatorianos (y los argentinos). Algunos de ellos trabajaban en Quito para proyectos de la ONU en ecuador. Son proyectos de “desarrollo” para países subdesarrollados, pero la mayoría coincidía al indicar que no son de gran utilidad en verdad. La ONU invierte mucho dinero en estos proyectos, tiene edificios propios y un sistema de empleados enorme y nosotros nos preguntamos para que, si hasta los encargados de llevar adelante los proyectos asumen que con esos trabajos no se logra nada. ¿Sera quizás una forma de decir que Europa hace algo por Sudamérica? Igualmente para estos chicos es una buena noticia, pasándola en Latinoamérica con sueldos europeos, disfrutando de una buena vida.

Desayuno persa

Lo ultimo en Ibarra lo disfrutamos junto con Carlos, compartiendo una larga trasnochada, mientras nos contaba del viaje que esta a punto de hacer con su padre: un tour por Egipto, Arabia e Israel... Seguramente una de esas cosas que se quedan marcadas en la vida, como esta noche de música, charlas y anécdotas con un muy buen amigo.

La cabaña gusto tanto que pidieron dejarla en la universidad... :-)

Mirá todas las fotos de Ibarra en

http://picasaweb.google.com/piesporelmundo/IbarraEcuador

lunes 4 de agosto de 2008

Amazonía Ecuatoriana


Es un poco difícil escribir sobre nuestra experiencia en el oriente ecuatoriano. Primero quizás habría que explicar que hablamos de un lugar muy distinto a cualquier otro lugar que hayamos visitado en este viaje, no sólo por sus cualidades geográficas sino también por su gente. Además se trata de un sitio con una energía muy especial. Donde todas las cosas se potencian, ya sean buenas o malas. Donde no resulta una locura creer que en una de las calles existían demonios malos y que el Iachag de la familia haya tenido que soltar demonios buenos para contrarrestarlos. Un lugar de curanderos (o shamanes) y medicinas naturales. De comunidades Kichwas que aún mantienen la sangre indígena intacta, que aún no se han cruzado con ninguna otra raza o etnia. Un sitio en medio de la selva, donde el sol quema y la lluvia tapa las voces de cualquier conversación.

La selva...

Este sitio se llama Rukullakta, y es a donde llegamos para trabajar como voluntarios dando clases de Ingles y de Computación. Nos tomó un tiempo prepararlas y en el transcurso hubo algunas dificultades, pero la experiencia fue increíble y de lo más gratificante. Durante dos semanas asistieron chicos de entre 6 y más de 20 años y por la cantidad tuvimos que distribuirlos en 3 cursos distintos. Sentir sus ganas de aprender fue la energía que nos dio fuerzas y ánimos para salir contentos a pesar de lo cansados.


Oficinas de la Org. Pueblo kichwa de Rukullakta, donde dimos las clases

En medio de las clases conocimos también a los Waira Churi (Hijo del viento), una familia que mantiene un grupo de danza y música típicas de la cultura. Con ellos acordamos filmar un video con sus trabajos para que puedan vender a los turistas o promocionarse en los medios. La filmación la hicimos en una finca que ellos poseen en medio de la selva. Una hora en camión y luego dos horas de caminata –con el lodo en las pantorrillas- para llegar a un sitio mágico y enorme, abrumador, donde la vegetación densa y los miles de sonidos de la selva nos acompañaron todo el fin de semana. Compartiendo con los waira su modo de vivir, alimentándonos con su chicha, mazamorra, yuca y carne de monte (una wanta o watusa que para cazarla la atraen imitando los llantos de un mono bebé). Hablando de a ratitos nuestro idioma y escuchando la mayoría del tiempo su lengua kichwa, que nos traducían para que podamos entender.

Selva virgen en la finca de los waira

Los Waira Churi resultaron ser excelentes intérpretes de sus costumbres, bailando y actuando las danzas y ceremonias. Luego nos internamos selva adentro para conocer las cascadas (que son una fuente de poder para los Iachag), árboles gigantes, plantas medicinales y demás maravillas que la naturaleza esconde en estos sitios recónditos. Por lo menos hasta aquí no ha llegado aún la mano del hombre que tala y siembra maíz para biocombustibles. Como yapa (en ecuador siempre es válido pedir la yapa) pudimos descubrir en el terreno una enorme pisada de tigre, animalito que parece tener la costumbre de visitar la casa de nuestros amigos. Al terminar el fin de semana festejamos las filmaciones con un almuerzo y de postre unos exquisitos y viscosos gusanos de chonta, un típico manjar del oriente. Claro que nosotros los comimos asados y ya muertos, porque también tienen la costumbre de degustarlos vivitos y cruditos. En agradecimiento por los videos filmados cada familia nos regaló artesanías y palabras que serán muy difíciles de borrar de nuestra memoria.

Hakuna Matata! con los gusanitos de chonta...

Waira Churis en DVD!

Otra experiencia inigualable fue cruzar un tramo de las cavernas de Jumandi. Tal era el nombre del guerrero Kichwa más importante que tuvo la zona. Él escondió a todo su pueblo dentro de estas cuevas para salvarlo de los colonizadores. Luego fue derrotado y muerto en manos de los españoles, pero toda su gente paso escondida mucho tiempo y se salvó así de la matanza y la esclavitud. A las cavernas se entra por una abertura que de a poco se va ensanchando. Por el medio las cruza un río subterráneo que en algunos lugares alcanza los 8 metros de profundidad. Hay que cruzarlas en traje de baño ya que es imposible pasar sin nadar o por lo menos mojarse entero. Al cabo de una hora de absoluta oscuridad se alcanza la primer salida, aunque existen otros caminos en los que se tarda hasta 8 horas en salir a la superficie. Un viaje por un mundo acuático, negro y totalmente desconocido, lleno de estalactitas y estalagmitas, realmente alucinante.

Tres semanas en Rukullakta en las que convivimos con la familia del Kuraka de Pueblo Kichwa de Rukullakta, la organización que nuclea a muchas de las comunidades kichwas de la zona. Personas que nos recibieron con los brazos abiertos y nos ayudaron a entender más cosas sobre esta cultura tan ajena para nosotros.

Arriba Izq: Katherine y Ami, Der: Alexandra Abajo Izq: Nina, Der: Edwin y Flor

En una de nuestras visitas al Tena, capital de la provincia, pudimos asistir a una de las conferencias de prensa que el presidente Rafael Correa acostumbra a dar cada vez que visita las ciudades. Escuchándolo comprobamos que si existe alguna esperanza para el cambio en nuestros países latinoamericanos. Las medidas de cambio social que antes contábamos están ahora encaminadas en un fuerte proyecto de gobierno, a poco tiempo del referéndum que puede aprobar la nueva constitución, que puede desembocar en una revolución social esperada por mucha gente en este país. Claro que la mayoría de la prensa está en contra de este gobierno y desde los medios se hace mucha publicidad para que se vote por el “no”, quizás porque una de las leyes propuestas desarmaría los grandes monopolios empresariales que dominan la comunicación en Ecuador. Desde acá, hablando con la gente, conociendo el país y hasta escuchando en persona a Correa, podemos decir que lo que llega de esta realidad a los otros países (como la Argentina) es información incompleta que apunta a desinformar y crear imágenes falsas sobre el tema.

Correa para todo público

Muchas cosas nos sorprendieron de este lugar, gente y cultura. Nos volvimos a topar aquí con el turismo europeo, conociendo a un alemán que tiene comprada una cantidad terrible de hectáreas de selva y río sólo para que sus compatriotas (por una elevada suma de euritos) se paseen y jueguen por un rato a ser Indiana Jones, cuando las familias kichwas que eran los verdaderos dueños de la tierra viven con escasos 20 dólares mensuales, comiendo a veces y a veces no. Una de las anécdotas dice que los “blancos” (entre ellos muchos militares), compraban tierras a los kichwas por un poco de comida un set de herramientas, diciéndoles que si no las vendían se las quitarían igual. Así fueron perdiendo terrenos hasta que se organizaron para frenar estas injusticias. Claro que con esto quizás tiene mucho que ver el trago, el alcohol, que dicen utilizar para pasar el hambre pero que consumen abundantemente aunque si tengan para comer.

Como contamos, el oriente de Ecuador fue una experiencia fuerte, en muchos aspectos. Desde aquí salimos en viaje hacia la ciudad de Ibarra, dejando atrás el mundo de la selva y pensando ya en la despedida de este país que recorremos hace 4 meses.

La gran familia de los Waira Churi

Alumnitos!


Mirá todas las fotos de Rukullakta en http://picasaweb.google.com/piesporelmundo/RukullaktaEcuador/

miércoles 30 de julio de 2008

Ambato en las alturas


Tomamos el camino más incierto hacia Ambato, una ruta que no teníamos muy claro si era transitada: el tramo Portoviejo-Latacunga, pasando por Quevedo. Nos agarró un paro y se vino la noche en “La Esperanza” y allí Narcisa nos invitó a ubicar nuestra carpa en su patio. Qué grata sorpresa nos trajo la ruta! Con ella caminamos por el pueblo y nos contó sobre el trabajo comunitario que está desarrollando. También escuchamos relatos sobre la historia del lugar, y luego a dormir, con el arrullo de un gallo que nos acompaño desde las cuatro hasta las diez de la mañana…

Al día siguiente seguimos camino hacia Ambato, con la suerte de llegar en tres horas y disfrutar de un maravilloso paisaje.


Al pie del Volcán

Y claro, de la manera más sorpresiva sucedió el reencuentro. Llegaba Alex a su casa con sus dos pequeñas sobrinas. Vestido de sport y renunciando a su cargo de asesor en Montecristi, ya pensando nuevamente en los viajes y los sueños y las noches en la ruta con nuevos amigos… tipo sabio, este Alex...


Alex candidato a asambleista...

En Ambato lo esperaban unas hermosas papas recién cosechadas de la hacienda en la que estuvieron viviendo y trabajando con su pana Marco, en un proyecto de cultivos orgánicos (ya que los pesticidas son demasiado costosos… ). Allí fuimos a seleccionarlas según tamaño… o por lo menos eso intentamos…

Seleccionando papa a lo loco...

Luego de “clasear” las papas tocó ir al mercado central, pero en esta ocasión en vez de comprar a vender. Una experiencia inolvidable, tratar de comerciar con “las seño” de los puestos de verdura, a las que se les pide 20 y ofrecen 6, y que se sientan sobre los quintales de papa y no se van hasta que uno vende… tratando de devolver los dólares que te dejan en las manos para no aceptar que se cerró el trato por la cantidad que ellas ofrecen… Pero finalmente, luego de muchas negociaciones, agotados pero contentos, trabajo terminado.

Por fin conocimos los famosos “Baños de Agua Santa”, de los que escuchamos desde que entramos a Ecuador. Una ciudad al pie del volcán Tungurahua, en actividad hace diez años… de erupciones esporádicas… enorme garganta del mundo que mantiene en vilo a los habitantes de los alrededores, que a pesar de las amenazas prefieren quedarse en sus hogares y trabajos y convivir con la tierra y su constante enojo.

Sopa humana

Los baños: pasar de los 45º del primer piletón al chorro de agua que te hela. Alternancia entre calor y frío. El cuerpo se extraña ante esta variación. El cuerpo desprende humos; imita al volcán que también emana. Y suelta su calor, su lava. Arrasa con lo que encuentra a su paso. Piedras incandescentes que brotan. Colores de fuego en la noche. Nubes de humo gris. Allí está el calor de la tierra; el ardor. La ceniza cubre todo cuanto puede. Así se mueve la Tierra, en cada estallido, en cada temblor, su voz gutural suelta.

José Vasco, ñaño de Alex, su mujer y sus hijos, se nos hicieron una nueva familia en nuestro viaje. Compartiendo con todos ellos la cotidianeidad Ambateña y encariñándonos día a día. Nos invitaron a una fiesta familiar, y compartimos un sábado de pura chuma, desde la mañana hasta bien entrada la noche, siendo parte de ellos y ellos parte de nosotros. Mientras, de fondo en el paisaje, el Tungurahua echaba hongos de ceniza volcánica.

José y Mónica...

Ambato también nos trajo un reencuentro, una nueva reconciliación con la naturaleza. Viéndola ya con otros ojos, acercándonos más a la tierra. Una de las cosas que el viaje está modificando en nosotros. Está vez fue trabajar en la cosecha de un lumbricario, esparciendo la nueva tierra negra por los jardines y plantaciones. Luego a descansar en el pasto, disfrutando de las montañas y los cielos de la sierra ecuatoriana, bellos como pocos debe haber en el mundo.

Compost...

Antes de partir de Ambato nos avocamos a la construcción de un cohete espacial, uno de los proyectos de la interminable lista de actividades de Alex. Un transporte para que los sobrinos vuelen, viajen por la estratosfera, cambien de mundo… Y nosotros también, porque no…

A volar...

La despedida fue difícil… como no puede ser de otra manera cuando uno se aleja de las personas que quiere. En la ciudad de las flores y las frutas quedaron ellos. La pequeña Cristina robándole las piezas a los rompecabezas de su ñaña Mónica Anabela… José David con su traje espacial alucinando las estrellas en su nuevo cohete… José padre y su colección de autos, Mónica con su espíritu de madre interminable. Y Alex, por supuesto, indeciso entre sus planes de viajar por América, o quedarse camellando como abogado en la oficina, o ponerse un negocio de bicicletas y excursiones de alta montaña, o irse a vivir a baños, o volver a la política y presentarse nuevamente como candidato… o…. Bueno, todo está en aquella libreta mágica.

Sobrinos...


Un tipo maduro...

Nuestro nuevo destino es la selva, el oriente ecuatoriano. Nos contactamos con los dirigentes de Pueblo Kichwa, una organización que agrupa a 17 comunidades Kichwa del cantón Archidona. Allí nos esperan para organizar clases de ingles y de computación en forma de cursos de verano. Cambiamos de región, de clima y de tarea, pero nunca nos olvidaremos de estas personas… y de la ‘f’ ambateña detrás de las palabras. ¿Qué fue… Que masff?

Paz en la sierra


Mirá todas las fotos de Ambato en http://picasaweb.google.com/piesporelmundo/AmbatoEcuador

lunes 23 de junio de 2008

Patas de rana



Cuando salíamos de Bahía de Caráquez, la nueva ruta se extendía hacia el oeste, por la costa ecuatoriana. En Portoviejo nos esperaba Walter, profesor de idiomas y técnico de computadoras, con aspiraciones de buzo y las ansias de viajar a la isla Seychelles (a buscar en mapa) para encontrarse con su novia. Un personaje único con una condición nata: talento para hacer reír. Con él empezamos a recorrer la ciudad y conocer gente.


Vida acuática!
Portoviejo es la capital de la provincia de Manabí. No es un lugar donde se puedan hacer muchas cosas, pero hay gente con muy buena onda que hace olvidar esa característica. Walter no invitó a tomar un café en La Tasca, un bar en el centro de la ciudad. Definitivamente en ese lugar hay mucho más que una cafetería… Algo en el ambiente, una onda, una vibra. Nos hicimos panas de Daniel, Juan Pablo y Víctor, los dueños del lugar. Tres personas de nuestra edad que trabajan en este proyecto y que hicieron de La Tasca el mejor bar y punto de reunión de Portoviejo.
Encontramos un lugar verdaderamente increíble: “El Jardín Botánico”. Comenzamos por un laberinto de arbustos muy difícil de sortear… Luego en la visita, el pana y guía, Macaco, nos mostró la flora autóctona y las especies introducidas, la tierra abonada y los bonsái. Allí hay un espacio de recuperación de especies animales en peligro (ya sea en extinción o por estar en cautiverio). Paseamos por un túnel enrejado, mientras los animales venían a curiosearnos por todos los lados. Allí los humanos son quienes están tras las rejas y no los animales, como hacen en los zoológicos habitualmente. Una nueva tarde entre la naturaleza, para continuar con esta comunión vital que nos acompaña en nuestro viaje.


Algunos de los animalitos de la reserva

En la casa de Walter hicimos base para recorrer las ciudades de la costa, con una versión reducida de las mochilas. Puerto Cayo, Puerto López, y Montañita. Esta última es uno de los sitios turísticos más importantes de Ecuador. Allí habíamos hecho contacto con Omar que junto con su familia trabajan en el Happy Donkey House, uno de los restaurantes de la ciudad. Este es un lugar muy particular. Allí la gente puede elegir desde los platos típicos del Ecuador hasta los platos más exóticos creados por algún integrante de la familia. Tuvimos la suerte de degustar varias de sus especialidades, y no podemos dejar de resaltar el exquisito “Tallarín Saltado”, autoría de Omar: tallarín oriental con una salsa de vegetales y hongos. No les contamos más porque se nos hace agua la boca.


La familia del Happy Donkey House!
Montañita… Pequeño pueblo donde los niños juegan tranquilos, la gente no corre alocada, las bicicletas te esperan sin cadenas y los lugareños se saludan entre sus calles de tierra. Las noches frente al mar son una delicia; las olas infinitas y el sonido de la gran masa acuática pueden transportarte en tiempo y espacio… caminar por esas playas…
Calles de Montañita...
...y su playa...
Muchos extranjeros quedan atrapados en este mágico lugar, y es así que se ha vuelto cosmopolita por excelencia.

También pasamos por Manta, ciudad puerto, y nos encontramos con Alex, un ambateño que trabajaba de asesor en la Asamblea Constituyente que sesiona en Montecristi, muy cerca de allí. Tipo especial, abogado mochilero ciclista, mucho más cercano a las rutas que a las leyes… Deportista y andinista, de rulos descontrolados que sólo se adiestran a la hora del traje, los lentes y el maletín. Renegado de la política que fue candidato a asambleísta. En fin, un gran amigo que no podíamos ver por sólo dos días y esperábamos encontrar nuevamente en nuestra llegada a Ambato…

Jugando al voley con asambleistas...

Alex de entrecasa...
De vuelta en Portoviejo la Tasca nos esperaba para una noche de música… Convocatoria de gente, preparación del sonido del local, afiches y volantes diseñados para la ocasión. Una buena noche, de canciones acompañadas por los cantos y coros de los amigos, local lleno, casi dos horas de música… A descargar todos los Beatles de nuestras mochilas y compartir unos tragos para cerrar la noche.

Los buenos amigos de la Tasca


Como yapa antes de partir, Walter no pudo frenar su intención de promocionarnos y nos arregló una entrevista en la prensa escrita y otra en la televisión… sin palabras. Otro amigo que extrañamos a cada kilómetro que nos alejamos… A no desanimarse, nos reencontramos buceando bajo el mar de la Seychelles, pana…Y llevá las patas de rana!

Los pies por el mundo en tv... :-p