miércoles 30 de julio de 2008

Ambato en las alturas


Tomamos el camino más incierto hacia Ambato, una ruta que no teníamos muy claro si era transitada: el tramo Portoviejo-Latacunga, pasando por Quevedo. Nos agarró un paro y se vino la noche en “La Esperanza” y allí Narcisa nos invitó a ubicar nuestra carpa en su patio. Qué grata sorpresa nos trajo la ruta! Con ella caminamos por el pueblo y nos contó sobre el trabajo comunitario que está desarrollando. También escuchamos relatos sobre la historia del lugar, y luego a dormir, con el arrullo de un gallo que nos acompaño desde las cuatro hasta las diez de la mañana…

Al día siguiente seguimos camino hacia Ambato, con la suerte de llegar en tres horas y disfrutar de un maravilloso paisaje.


Al pie del Volcán

Y claro, de la manera más sorpresiva sucedió el reencuentro. Llegaba Alex a su casa con sus dos pequeñas sobrinas. Vestido de sport y renunciando a su cargo de asesor en Montecristi, ya pensando nuevamente en los viajes y los sueños y las noches en la ruta con nuevos amigos… tipo sabio, este Alex...


Alex candidato a asambleista...

En Ambato lo esperaban unas hermosas papas recién cosechadas de la hacienda en la que estuvieron viviendo y trabajando con su pana Marco, en un proyecto de cultivos orgánicos (ya que los pesticidas son demasiado costosos… ). Allí fuimos a seleccionarlas según tamaño… o por lo menos eso intentamos…

Seleccionando papa a lo loco...

Luego de “clasear” las papas tocó ir al mercado central, pero en esta ocasión en vez de comprar a vender. Una experiencia inolvidable, tratar de comerciar con “las seño” de los puestos de verdura, a las que se les pide 20 y ofrecen 6, y que se sientan sobre los quintales de papa y no se van hasta que uno vende… tratando de devolver los dólares que te dejan en las manos para no aceptar que se cerró el trato por la cantidad que ellas ofrecen… Pero finalmente, luego de muchas negociaciones, agotados pero contentos, trabajo terminado.

Por fin conocimos los famosos “Baños de Agua Santa”, de los que escuchamos desde que entramos a Ecuador. Una ciudad al pie del volcán Tungurahua, en actividad hace diez años… de erupciones esporádicas… enorme garganta del mundo que mantiene en vilo a los habitantes de los alrededores, que a pesar de las amenazas prefieren quedarse en sus hogares y trabajos y convivir con la tierra y su constante enojo.

Sopa humana

Los baños: pasar de los 45º del primer piletón al chorro de agua que te hela. Alternancia entre calor y frío. El cuerpo se extraña ante esta variación. El cuerpo desprende humos; imita al volcán que también emana. Y suelta su calor, su lava. Arrasa con lo que encuentra a su paso. Piedras incandescentes que brotan. Colores de fuego en la noche. Nubes de humo gris. Allí está el calor de la tierra; el ardor. La ceniza cubre todo cuanto puede. Así se mueve la Tierra, en cada estallido, en cada temblor, su voz gutural suelta.

José Vasco, ñaño de Alex, su mujer y sus hijos, se nos hicieron una nueva familia en nuestro viaje. Compartiendo con todos ellos la cotidianeidad Ambateña y encariñándonos día a día. Nos invitaron a una fiesta familiar, y compartimos un sábado de pura chuma, desde la mañana hasta bien entrada la noche, siendo parte de ellos y ellos parte de nosotros. Mientras, de fondo en el paisaje, el Tungurahua echaba hongos de ceniza volcánica.

José y Mónica...

Ambato también nos trajo un reencuentro, una nueva reconciliación con la naturaleza. Viéndola ya con otros ojos, acercándonos más a la tierra. Una de las cosas que el viaje está modificando en nosotros. Está vez fue trabajar en la cosecha de un lumbricario, esparciendo la nueva tierra negra por los jardines y plantaciones. Luego a descansar en el pasto, disfrutando de las montañas y los cielos de la sierra ecuatoriana, bellos como pocos debe haber en el mundo.

Compost...

Antes de partir de Ambato nos avocamos a la construcción de un cohete espacial, uno de los proyectos de la interminable lista de actividades de Alex. Un transporte para que los sobrinos vuelen, viajen por la estratosfera, cambien de mundo… Y nosotros también, porque no…

A volar...

La despedida fue difícil… como no puede ser de otra manera cuando uno se aleja de las personas que quiere. En la ciudad de las flores y las frutas quedaron ellos. La pequeña Cristina robándole las piezas a los rompecabezas de su ñaña Mónica Anabela… José David con su traje espacial alucinando las estrellas en su nuevo cohete… José padre y su colección de autos, Mónica con su espíritu de madre interminable. Y Alex, por supuesto, indeciso entre sus planes de viajar por América, o quedarse camellando como abogado en la oficina, o ponerse un negocio de bicicletas y excursiones de alta montaña, o irse a vivir a baños, o volver a la política y presentarse nuevamente como candidato… o…. Bueno, todo está en aquella libreta mágica.

Sobrinos...


Un tipo maduro...

Nuestro nuevo destino es la selva, el oriente ecuatoriano. Nos contactamos con los dirigentes de Pueblo Kichwa, una organización que agrupa a 17 comunidades Kichwa del cantón Archidona. Allí nos esperan para organizar clases de ingles y de computación en forma de cursos de verano. Cambiamos de región, de clima y de tarea, pero nunca nos olvidaremos de estas personas… y de la ‘f’ ambateña detrás de las palabras. ¿Qué fue… Que masff?

Paz en la sierra


Mirá todas las fotos de Ambato en http://picasaweb.google.com/piesporelmundo/AmbatoEcuador

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