Es un poco difícil escribir sobre nuestra experiencia en el oriente ecuatoriano. Primero quizás habría que explicar que hablamos de un lugar muy distinto a cualquier otro lugar que hayamos visitado en este viaje, no sólo por sus cualidades geográficas sino también por su gente. Además se trata de un sitio con una energía muy especial. Donde todas las cosas se potencian, ya sean buenas o malas. Donde no resulta una locura creer que en una de las calles existían demonios malos y que el Iachag de la familia haya tenido que soltar demonios buenos para contrarrestarlos. Un lugar de curanderos (o shamanes) y medicinas naturales. De comunidades Kichwas que aún mantienen la sangre indígena intacta, que aún no se han cruzado con ninguna otra raza o etnia. Un sitio en medio de la selva, donde el sol quema y la lluvia tapa las voces de cualquier conversación.
En medio de las clases conocimos también a los Waira Churi (Hijo del viento), una familia que mantiene un grupo de danza y música típicas de la cultura. Con ellos acordamos filmar un video con sus trabajos para que puedan vender a los turistas o promocionarse en los medios. La filmación la hicimos en una finca que ellos poseen en medio de la selva. Una hora en camión y luego dos horas de caminata –con el lodo en las pantorrillas- para llegar a un sitio mágico y enorme, abrumador, donde la vegetación densa y los miles de sonidos de la selva nos acompañaron todo el fin de semana. Compartiendo con los waira su modo de vivir, alimentándonos con su chicha, mazamorra, yuca y carne de monte (una wanta o watusa que para cazarla la atraen imitando los llantos de un mono bebé). Hablando de a ratitos nuestro idioma y escuchando la mayoría del tiempo su lengua kichwa, que nos traducían para que podamos entender.
Los Waira Churi resultaron ser excelentes intérpretes de sus costumbres, bailando y actuando las danzas y ceremonias. Luego nos internamos selva adentro para conocer las cascadas (que son una fuente de poder para los Iachag), árboles gigantes, plantas medicinales y demás maravillas que la naturaleza esconde en estos sitios recónditos. Por lo menos hasta aquí no ha llegado aún la mano del hombre que tala y siembra maíz para biocombustibles. Como yapa (en ecuador siempre es válido pedir la yapa) pudimos descubrir en el terreno una enorme pisada de tigre, animalito que parece tener la costumbre de visitar la casa de nuestros amigos. Al terminar el fin de semana festejamos las filmaciones con un almuerzo y de postre unos exquisitos y viscosos gusanos de chonta, un típico manjar del oriente. Claro que nosotros los comimos asados y ya muertos, porque también tienen la costumbre de degustarlos vivitos y cruditos. En agradecimiento por los videos filmados cada familia nos regaló artesanías y palabras que serán muy difíciles de borrar de nuestra memoria.
Otra experiencia inigualable fue cruzar un tramo de las cavernas de Jumandi. Tal era el nombre del guerrero Kichwa más importante que tuvo la zona. Él escondió a todo su pueblo dentro de estas cuevas para salvarlo de los colonizadores. Luego fue derrotado y muerto en manos de los españoles, pero toda su gente paso escondida mucho tiempo y se salvó así de la matanza y la esclavitud. A las cavernas se entra por una abertura que de a poco se va ensanchando. Por el medio las cruza un río subterráneo que en algunos lugares alcanza los 8 metros de profundidad. Hay que cruzarlas en traje de baño ya que es imposible pasar sin nadar o por lo menos mojarse entero. Al cabo de una hora de absoluta oscuridad se alcanza la primer salida, aunque existen otros caminos en los que se tarda hasta 8 horas en salir a la superficie. Un viaje por un mundo acuático, negro y totalmente desconocido, lleno de estalactitas y estalagmitas, realmente alucinante.
Tres semanas en Rukullakta en las que convivimos con la familia del Kuraka de Pueblo Kichwa de Rukullakta, la organización que nuclea a muchas de las comunidades kichwas de la zona. Personas que nos recibieron con los brazos abiertos y nos ayudaron a entender más cosas sobre esta cultura tan ajena para nosotros.
En una de nuestras visitas al Tena, capital de la provincia, pudimos asistir a una de las conferencias de prensa que el presidente Rafael Correa acostumbra a dar cada vez que visita las ciudades. Escuchándolo comprobamos que si existe alguna esperanza para el cambio en nuestros países latinoamericanos. Las medidas de cambio social que antes contábamos están ahora encaminadas en un fuerte proyecto de gobierno, a poco tiempo del referéndum que puede aprobar la nueva constitución, que puede desembocar en una revolución social esperada por mucha gente en este país. Claro que la mayoría de la prensa está en contra de este gobierno y desde los medios se hace mucha publicidad para que se vote por el “no”, quizás porque una de las leyes propuestas desarmaría los grandes monopolios empresariales que dominan la comunicación en Ecuador. Desde acá, hablando con la gente, conociendo el país y hasta escuchando en persona a Correa, podemos decir que lo que llega de esta realidad a los otros países (como la Argentina) es información incompleta que apunta a desinformar y crear imágenes falsas sobre el tema.
Muchas cosas nos sorprendieron de este lugar, gente y cultura. Nos volvimos a topar aquí con el turismo europeo, conociendo a un alemán que tiene comprada una cantidad terrible de hectáreas de selva y río sólo para que sus compatriotas (por una elevada suma de euritos) se paseen y jueguen por un rato a ser Indiana Jones, cuando las familias kichwas que eran los verdaderos dueños de la tierra viven con escasos 20 dólares mensuales, comiendo a veces y a veces no. Una de las anécdotas dice que los “blancos” (entre ellos muchos militares), compraban tierras a los kichwas por un poco de comida un set de herramientas, diciéndoles que si no las vendían se las quitarían igual. Así fueron perdiendo terrenos hasta que se organizaron para frenar estas injusticias. Claro que con esto quizás tiene mucho que ver el trago, el alcohol, que dicen utilizar para pasar el hambre pero que consumen abundantemente aunque si tengan para comer.
Como contamos, el oriente de Ecuador fue una experiencia fuerte, en muchos aspectos. Desde aquí salimos en viaje hacia la ciudad de Ibarra, dejando atrás el mundo de la selva y pensando ya en la despedida de este país que recorremos hace 4 meses.
Mirá todas las fotos de Rukullakta en http://picasaweb.google.com/piesporelmundo/RukullaktaEcuador/


Excelente chicos! Muy lindo lo que cuentan, qué increíble tener la oportunidad de estar con esa gente y en esos lugares.
ResponderSuprimirComo siempre, gracias por compartir.
Verdad lo del turismo. Vì lo mismo en Mondaña, comunidad sobre el Napo cerca de Misahuallì, donde a los del hotel para gringos les molestò mucho que durmièramos en la escuela local volvièndonos amigos de los maestros y no consumidores del hotel.
ResponderSuprimirsiguen en ecuador?
ResponderSuprimirme gustaría enterarme por favor,
un abrazo
Hola Gilda...
ResponderSuprimirEn estos momentos estamos en Colombia. Escribinos a piesporelmundo@gmail.com asi conversamos. Un abrazo!
Muchachos!! todo lo que quisiera, es pasar por ese tunel subterraneo que cuentan por ahi arriba (el viajecito de una hora,el de 8 me muero creo)
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Wow los Waira Churis son amigos mios y me dijeron sobre ustedes. Estoy feliz que puedo leer su historia.
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